El Barça vs. Atlético: ¡un duelo de titanes en Copa! …
En una hilarante escena cual película de espionaje, Hansi Flick está más preocupado que un gato en un taller de cremalleras, intentando proteger a nuestra joya azulgrana Lamine Yamal antes del partidazo contra el Atlético de Madrid en Montjuïc. El técnico alemán, que ya se siente como un agente secreto, tiene la firme esperanza de que Lamine se recupere a tiempo tras el pisotón en Las Palmas, porque a nadie le gusta ver a su estrella cojeando como si hubiera hecho un maratón en chanclas.
Pero esa no es toda la diversión, estimados culés, porque resulta que el Benfica, nuestro futuro rival de Champions, está de vacaciones con más días libres que un profesor en verano. Flick, menos paciente que un niño en la mañana de Navidad, no ha querido entrar en polémicas (aunque seguro que le habría encantado enviar una carta de protesta a Papás Fútbol), y con una ceja levantada, sigue sorprendiéndose con las maravillas de la burocracia española.
El entrenador alemán, claro está, también se ha tomado un momento para alabar al Atlético y sus habilidades dignas de un mago en Las Vegas, prometiendo un partido tan excitante como ver a un pingüino intentando patinar sobre hielo. Aunque Flick está concentrado como un pez en su pecera, admitió que su equipo necesita más descanso que un oso en invierno.
Acerca de las decisiones arbitrales, Flick se siente como si estuviera jugando a las cartas en un casino lleno de trampas. Pero sigue firme en su postura: no solo Lamine necesita protección, sino todos los jugadores, porque en el mundo del fútbol, cada partido puede ser más rudo que un abrazo de oso polar.
Y como si todo esto fuera poco, Flick está celebrando su cumpleaños número 60. Está tan emocionado como si le hubieran regalado un nuevo par de botas de oro. El entrenador mantiene el espíritu y la salud, en una fiesta donde el banquete—en su mente—estará lleno de victorias y goles.
Con ojillos brillantes y una sonrisa que podría iluminar el Camp Nou, Flick sabe que la clave es la unión del equipo. Después de todo, somos una gran familia azulgrana, listos para enfrentar cualquier desafío, incluso si eso significa jugar primero en casa o hacer malabares para mantener a cada jugador en su mejor forma. ¡Vamos Barça!