Risas, lágrimas y cuatro empates en el Camp Nou…

El Barcelona vivió una montaña rusa de emociones frente al Atlético de Madrid. Durante 70 minutos, los culés ofrecieron un espectáculo que podría haberse titulado “El Barça y sus Cuatro Goles”. Mandaron cuatro balones a la red, fallaron unas cuantas ocasiones clarísimas y, al final, se llevaron un sorprendente empate 4-4 que dejó a la afición con una mezcla de incredulidad y ataques de risa nerviosa. Vale, no es la primera vez que el equipo de Flick decide montar un número cómico a sus seguidores.

La función empezó temprano con la clásica entrada en calor del Barça, en la que el Atlético se animó a hacer dos remates en el primer minuto. ¡Y qué remate, señoras y señores! El segundito se coló en las redes para inaugurar el marcador. Rapidito, el Atlético embalsamó otro gol a los cinco minutos. El pobre Koundé se pegó un autotraspié digno de La Hora Chanante.

Podría ser una película española de humor: Culés y rojiblancos brindan un homenaje al fútbol en un partido con ocho goles y dejan todo para la vuelta. Ya hemos visto esta comedia antes, ¿verdad? Recordemos a Lisboa, donde casi les reciben con un “¡Hola, golazo!” antes de los tres minutos frente al Benfica. Y con el Leganés, Sergio aprovechó los descuentos de 2×1 en errores del Barça para marcar a los cuatro minutos. ¿Y aquel gol exprés del Sevilla? Como para un episodio de Museo Coconut: marca Lewandowski, y acto seguido, Sevilla dice: “¡No tan rápido!”. Otra falta de concentración para los libros de historia.

El Barcelona parece tener un contrato no firmado con el arte del despiste. En los últimos minutos del partido, los azulgranas vieron cómo su ventaja se esfumaba más rápido que un helado en agosto. Cuando pensaban en un relajante 5-3, el Atlético, como buen invitado, les dejó un regalito de dos goles. Parece que el Barça necesita una masterclass sobre “Cómo cerrar partidos para dummies”. ¡Y eso que Flick les dejó advertidos en el descanso!

El recuerdo del Atalanta también revolotea, pues en otra actuación brillante de “cómo empatar dos veces”, les dejaron igualar el marcador dos veces tras tener la ventaja. La lección parece ser “sigue adelante pero con la puerta abierta”. Pedri ha señalado esta cuestión: “Tenemos que aprender a tener la pelota y no tirar la línea tan arriba en los minutos finales”. Si esto no lo toman, podrían rebautizar el estadio como el “Camp Empate”.

Con Flick a los mandos, el Barcelona ofrece un ataque que ya quisiera Hollywood, pero la defensa parece sacada de una comedia de los Monty Python. Hay juventud y frescura, sí, pero también desafíos y errores que suenan casi a gag recurrente. Que se prepare Flick porque los partidos decisivos se amontonan como tuppers en la nevera. ¿Solución? Menos regalos y más pragmatismo para no seguir protagonizando capítulos de “El Barça regala demasiado”.