Los jugadores rezan por un GPS en el banquillo…

En un giro inesperado digno de una película de ciencia ficción, Hansi Flick ha llegado al Barça con una varita mágica que no deja a nadie ileso. Enero de 2025 se ha convertido en el nuevo capítulo de «Barça: la serie», donde el drama y la comedia se mezclan como en los mejores episodios de Netflix. Afectados por unos resultados recientes dignos de un thriller, y con la vuelta de héroes que parecían amnesia en la enfermería, el equipo ha vivido una sacudida monumental. El cambio más sonado es en la portería, donde el inquilino Szczesny ha tomado las llaves en detrimento del pobre Iñaki Peña, quien ha sido víctima de una charla de entrenador que se le convirtió en el cuento de nunca acabar. ¿Alguien dijo jet lag de banquillo? Aráujo, el defensor imbatible, se ha visto relegado a jugar al escondite con el regreso de su lesión. Mientras tanto, Cubarsí e Íñigo Martínez protagonizan la nueva temporada de «los coprófagos», con Araujo vagando por ahí, polizando su espada para otra oportunidad. El centro del campo es ahora una pista de baile donde De Jong ha robado el show —Cásado ha quedado más fuera de pista que un badén en una autopista. Dani Olmo, fichaje estrella, sigue buscando su lugar en el guion, cuajando más como extra que como protagonista. Pablo Torre, en cambio, aparte de soplar el polvo de su camiseta, sigue esperando ser convocado, como quien espera turno en la cola del súper. Ansu Fati, por su parte, ha descubierto las bondades de la lectura desde la grada, convirtiéndose en el nuevo crítico literario del Camp Nou. Su escasa media hora en Copa del Rey es un enigma merecedor de ser tratado por Iker Jiménez. Esta situación no le roba el sueño, más bien lo inclina a un profundo ejercicio de autoconocimiento. A pesar de tanto desbarajuste, los aficionados culés observan el espectáculo con una mezcla de esperanzas y nervios, porque al final del día, el Barça siempre encuentra la manera de salir bien librado de cualquier novela.