El técnico alemán y su batalla contra las palabrotas
Hansi Flick se ha transformado en el guardián del lenguaje limpio en el fútbol, lanzándose a la defensa de la dignidad verbal contra las palabrotas de Bellingham contra Osasuna. Al parecer, decir «Fuck you» o «Fuck off» no está en su lista de reproducción de karaoke. Flick, con su mejor acento de profesor de inglés, ha recordado a sus jugadores que el único con permiso para hablar con el árbitro es el capitán, no un enjambre de jóvenes energúmenos gritando improperios.
Entre risas y sarcasmo, Flick mira al futuro con optimismo para el enfrentamiento contra el Rayo, a quienes describe como un cuadro de artistas del balón, expertos en alta presión e intensidad, pero sin caer en la tentación de usar palabras afiladas que ofendan al oído fino de un caballero germano. Los rumores dicen que después del partido, Flick revisa las cartillas de autógrafos para asegurarse de que ni un solo «Fuck» asome la cabeza.
Por supuesto, para Flick, hablar de títulos y liderazgo en LaLiga es como cantar villancicos en julio. A él lo que le interesa es que los jugadores del Barça bailen al compás de su orquesta táctica, sin desafinar con palabrotas inoportunas. Ya le habían advertido sobre cómo el Rayo puede ser tan molesto como un mosquito en una noche de verano, pero Flick no se achica: «Nosotros iremos con todo y a demostrar quiénes somos dentro del campo, sin necesidad de usar un diccionario de insultos», bromea.
En referencia a la sorpresa de tener que presentar la lista de convocados adelantadamente, Flick se ríe: «Es más fácil descifrar los jeroglíficos egipcios que entender estos requisitos. La próxima vez, lo haré como si estuviera entregando una postal navideña». En cuanto a Ronald Araujo, asegura que estará en la lista porque «el bueno de Ronald no necesita invitar a nadie a sus fiestas privadas con el árbitro».
Al final, Flick observa a las jóvenes promesas de La Masia, como Lamine Yamal y Pau Cubarsí, con un orgullo que desborda más que los torrentes de emociones en un partido clásico. «Los vi en un vídeo con 11 años, y era como ver la prehistoria del rock and roll futbolístico. La pelota no miente y estos chicos tienen madera». Eso sí, siempre con el debido respeto y un lenguaje que haría sonrojar al mismísimo Shakespeare en el palco del Camp Nou.