La roja que incendió el Camp Nou …
Era febrero de 1977, año en el que la moda estaba al nivel del jaleo que se armó en el Camp Nou. Todo comenzó con una roja que desató el caos a proporciones épicas, dignas de una novela de misterio: ahí estaban la expulsión de Cruyff, insultos en español dignos de un libro de frases memorables, y una reacción en masa que parecía el guion de una película de acción.
El partido lo dirigía el insólito Melero Guaza, a quien, al parecer, el destino le tenía una sorpresa inesperada para su carrera. Con el Barça liderando 2-1, Cruyff decidió que era momento de añadir un poco de picante al encuentro y fue expulsado por un presunto insulto que hizo temblar los cimientos del arbitraje español.
Las almohadillas volaron por el Camp Nou como si fuera un festival de cojines, mientras el pobre Melero se encontraba en una situación más incómoda que un pez fuera del agua. Según el acta, Cruyff soltó un «árbitro, eres un hijo de la gran puta». Pero nuestra estrella holandesa, fiel a su estilo, argumentó que aquel exabrupto le hubiera salido en holandés, no en español, por lo que todo se trató de una gigantesca confusión lingüística.
El público, como buen grupo de detectives aficionados, cocinó la teoría de que Cruyff solo animaba a su compañero Manolo Clares con un cariñoso «Manolo, marca ya». Y ahí se desató la leyenda. Rinus Michels, por su parte, opinó que el que debía ser expulsado era el árbitro, mostrando que el humor nunca está de más cuando el drama se apodera del campo.
Lo que vino después fue un carrusel de lo absurdo: agresiones, furgonetas en llamas y multas colosales que dejaron al Barça tambaleándose, no en juego, sino en papeles.
Tres días después, cuando todo iba alcanzando su punto máximo de humor surrealista, el Comité decidió suspender a Cruyff y Melero, que estaba más caliente que el horno de una pizzería, se defendió diciendo que todo se debía a su obligación como árbitro, aunque ese razonamiento no calmó los ánimos de una afición que clamaba venganza.
El careo entre Melero y Cruyff ya era un fenómeno mediático que, por lógica, debía llegar a la gran pantalla. Las amenazas llegaron, los rumores volaron y el fútbol, por unos días, se convirtió en la mayor telenovela del país.
Mientras las sanciones acumulaban polvo en el escritorio del Comité, el Barcelona andaba justo en caída libre en la Liga. Para añadir insulto a la injuria, el resto de equipos aprovechaban para llevarse los trofeos, mientras el Barça, con nostalgia de tiempos mejores, intentaba que su apelación reverberara hasta el Tribunal Supremo.
Finalmente, Melero decidió que su carrera como árbitro no soportaría más guionazos dignos de Hollywood, y decidió retirarse, marcando un «fin» digno de una tragicomedia. Y así, entre vallas y rejas, el fútbol español se preparó para tiempos más tranquilos, aunque todos sabían que la verdadera magia residía en estos insólitos episodios que nos regalan carcajadas a toro pasado.