El pito silbante de Laporta: el mago del coliseo…

Así es, queridos culés y rivales encantados, el Fútbol Club Barcelona se ha unido al increíble mundo del ilusionismo, donde el público no sabe si está viendo un partido o un show de magia a lo David Copperfield. Con varitas mágicas contables y pañuelos de color blaugrana, el mismísimo Houdini parecería un amateur al lado de Laporta. Cuentan las malas lenguas que incluso tiene a los magos de Hogwarts pidiendo consejos sobre cómo esconder auditorías bajo el sombrero seleccionador.

Mientras nuestros héroes alinean estrellas fugaces, como Dani Olmo y Pau Víctor, en el campo por arte no solo del buen fútbol, sino también del uso audaz de las financias al estilo de un payaso en un monociclo sobre una cuerda floja, las empresas auditoras se retuercen más que un delantero evitando al árbitro. ¿Es una auditoría o tres? ¿Quién querría contar? Mientras tanto, nuestros pequeños ilusionistas continúan recibiendo aplausos del público, aunque no están del todo seguros si se trata de un espectáculo o de un sainete tragicómico.

Y ahí tienes al Gobierno y al CSD, haciendo el papel del héroe inesperado, con capas al viento, rescatando al Barça al buen estilo de un caballero del Zodiaco, asegurando que la magia siga adelante. Competencia o no competencia, lo que tenemos aquí es una ópera bufa, un adiós a la transparencia con un gesto grandioso de manos. Porque, al final, la gran pregunta sigue en el aire cual balón a la deriva: ¿quién juega al escondite con nuestras normas? Mientras tanto, el Barça sigue en su propio universo, donde las reglas son tan flexibles como una bicicleta de goma.