Un técnico con humor, pero sin minutos de cortesía…
¿A qué se debe la repentina afición de los jugadores del Barcelona por las carreras de velocidad? No, no es que estén preparándose para los 100 metros lisos, sino que están intentando evitar el furioso poder del reloj de Hansi Flick. El técnico alemán ha convertido la puntualidad en una epopeya digna de Homero, y parece que llegar dos segundos tarde es tan imperdonable como un fuera de juego en una final. Pau Víctor lo advirtió desde temprano: «Si dice a las 11, no llegues a las 11:00:03″…pero, al contrario que los neumáticos de los Fórmula 1, algunos jugadores parecen necesitar más tiempo para ponerse en marcha.
Jules Koundé y Iñaki Peña han sido los más recientes en aprender que desafiar a las manecillas del reloj de Flick es garantía segura de un paseo hacia el banquillo. Aunque el francés es una pieza clave en el equipo, asiste a las reuniones con más estilo que puntualidad. Iñaki, por su parte, descubrió en Arabia que ser el portero titular no te hace inmune al tic-tac. En una maniobra digna de un joyero, Hansi cambió a Iñaki por Szczesny, quien ahora parece tener un candado en la portería.
En el panorama de ‘gran hermano’ puntual de Flick, no hay margen para «sólo fueron tres minutos». La ópera del reloj en el vestuario rema hacia una sinfonía germánica donde cada segundo cuenta. Ancelotti opinó que cumplir con el horario es una cuestión de respeto, sin embargo, aquí hasta «la hora del té» exige puntualidad británica. Es un mundo donde las excusas no tienen cabida y los relojes no perdonan.
Pedri también ha contribuido al humor en este drama del tiempo, comparando a Flick y su predecesor Xavi. Mientras que con Xavi, las multas al menos resultaban en deliciosas comidas, con Flick la recompensa por un minuto de tardanza es el banquillo. A pesar de todo, los jugadores cruzan los pasillos como si estuvieran en una comedia de enredos, en una carrera contra el implacable cronómetro. Las normas son claras: si llegas tarde, disfrutas del partido desde el mejor asiento… el banquillo. ¡Así que será mejor que esos futbolistas consideren invertir en un cronómetro de calidad si quieren escapar del furor germano del reloj!