El Barça y su receta secreta…
¡Queridos lectores, afilad vuestros lápices porque hoy clase de moda y fútbol! Imaginaos a Simeone, elegante como un James Bond del balón, paseando con un traje a medida y cero tiros a puerta, casi una disciplina olímpica. Mientras él se batía en duelo estético contra el Madrid, ahí estaba Hansi Flick, el astro futbolero de nuestro tiempo, eclipsando a cualquiera, incluídos esos pesos pesados como Lamine y Mbappé. Si un faraón egipcio viera al Barça jugar, pediría que construyeran pirámides en su honor.
Por algún artilugio mágico que haría envidiar a Hogwarts, Flick convirtió un partido complejo en un paseo por el parque metropolitano, firmando el pase del Barça a la octava final de Copa modo VIP. Con la táctica del «kung fu panda posicional», los azulgranas desmontaron al Atleti como si fueran un castillo de naipes. Ferran dejó al público atónito, casi como un ninja en la NBA, y lo de Musso… habrá subido más tarde que el último tren del metro.
Y ahí estaba el Barça, chutando cinco veces como si se pronunciara el número prohibido en algunas culturas y cometiendo faltas dobles, demostrando que más vale maña que fuerza. Con un doble lateraleso marca de la casa, uno pensaría que el Metropolitano es un museo de arte moderno. Hasta Gavi desaparecio como un mago en truco de feria. Hansi, el gran dosificador de emociones, ajustó los decibelios de los críticos. Así es el Barça de Flick: cuando pone la melodía, todos bailan. Y en este carnaval del fútbol, él, y sólo él, es el auténtico papá.