Cuando el fútbol se convierte en circo…

Si pensabas que el Atlético de Madrid tenía la receta para un banquete de gloria esta temporada, lamento informar que se les ha quemado el pavo en el horno. Ayer, el partido contra el Barça fue como ver a un mago sacar conejos de un sombrero hasta que el sombrero dijo basta. Lamine Yamal no solo estaba en la cancha; parecía estar en un episodio de ‘Criss Angel, el Ilusionista’, con sus increíbles malabares con el balón, como si el cuero fuera una extensión de su propia extremidad. Fue tan impactante que el balón tuvo que tomar un merecido descanso en la segunda parte por miedo a agotarse.

La primera parte fue todo un festival de sombras donde el Barça mostró sus dotes de manipulación del tiempo y espacio mientras el Atlético cogía asiento en la planta baja de su propia fiesta. El 0-1 pudo ser un pícnic campestre de no ser por el empuje del Atlético que, consumida la limonada del descanso, resucitó con el fervor de un héroe de telenovela dispuesto a salvar la honra de su hogar futbolístico. Sin embargo, el destino y un Barça algo menos celestial dejaron a los colchoneros con la necesidad de volver al guion original, que ahora es más dramático que cómico.

Con el Atlético remando contracorriente y el Barça atrapado entre su propia telenovela de club más enredada que un capítulo de ‘Los Simpson’, no es de extrañar que el universo futbolístico esté más confundido que un camaleón en una discoteca. Mientras el Athletic espera en el horizonte como un jefe final de videojuego, el resto de la liga guarda silencio, sin saber si asaltar el castillo o seguir disfrutando del espectáculo desde la barrera. Aquí, donde la épica del balón convive con el humor de las travesuras, todo parece posible hasta que el silbato final sentencia el misterio del fútbol.