Iturralde y su orquesta de tonos desafinados…
En un giro digno de una telenovela turca, César Azpilicueta casi convirtió a Raphinha en trompo humano con una entrada que, según el VAR, tenía más gracia que un concurso de chistes malos. La acción en el minuto seis hizo que hasta el mismísimo Confucio se replanteara la filosofía del combate cuerpo a cuerpo. El Barcelona se llevó la victoria por 0-1, tal vez por el inexplicable poder del regate telepático.
Mientras tanto, en la sala VOR, Juan Martínez Munuera, cual motivador de stand-up comedy, decidió aderezar la situación con un toque coloquial, recomendándole a su colega que ‘se la había comido’. ¡Un lenguaje digno de un curso intensivo de diplomacia! Iturralde, el Quijote del arbitraje, protestó como si le hubieran echado ketchup a su paella sin su consentimiento: «¡Me sobra el tono!», gritó como si le picara el pie tras bailar flamenco intensamente.
Pero, ¿quién dijo que el fútbol no es subjetivo? Iturralde concluyó que la amarilla quedó de maravilla, aunque una roja no hubiera sido una sorpresa, como cuando esperas un paquete y recibes tres. Entre tanto drama y espectáculo, el solitario gol de Ferran Torres hizo que el Barcelona se plantara en la final de la Copa del Rey, listo para deslumbrar con su ballet de pases imposibles.